Dedicatoria de Isabel Prieto a su padre

Mi Padre

Isabel Prieto

Mi padre, Carlos Prieto, nació el 1 de enero de 1937, tiene 86 años y es descendiente de una familia tan apasionada de la música clásica que han formado cuartetos de cuerdas de generación en generación.

Mis abuelos, Carlos Prieto y Cécile Jacqué, se conocieron tocando en un cuarteto que se convirtió en el primer “Cuarteto Prieto” formado por ellos, el abuelo materno de mi padre y su tío. Mi padre al cumplir 4 años empezó a tocar el violonchelo y a sus 8 años formó parte del segundo Cuarteto Prieto, éste integrado por sus padres, por él y por su hermano Juan Luis Prieto.

A los 15 años empezó a dar conciertos en público y a los 17 años mi padre se enfrentó a una difícil decisión: dedicarse al estudio profesional del violonchelo o estudiar una carrera universitaria.

Por cierta presión de su padre y a pesar de su profundo amor por la música, decidió estudiar una carrera universitaria y se presentó a los difíciles exámenes de ingreso al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) con cierta esperanza de que no lo aceptaran dado el grado de dificultad de ingreso.

Para su sorpresa fue aceptado en MIT y estudió ahí dos carreras, ingeniería metalúrgica y economía, además de tomar cantidad de cursos de ruso dado su intenso interés por el compositor ruso Dmitri Shostakóvich.

Durante su tiempo en MIT, nunca dejó de tocar el chelo y se convirtió en el primer violonchelo y solista de la Orquesta Sinfónica de dicha universidad.

Al regresar de MIT trabajó durante 15 años en la Fundidora Monterrey, una de las principales empresas siderúrgicas de América Latina, donde llegó a ser su director general.

A pesar de las largas e intensas jornadas laborales, siempre encontraba algún tiempo para tocar el chelo que sentía era su principal vocación.

A finales de 1978, el presidente López Portillo le ofreció a mi padre asumir la dirección general de Sidermex, una empresa estatal que agruparía a tres grandes empresas siderúrgicas:

  • Altos Hornos de México (AHMSA)
  • Fundidora Monterrey
  • Siderúrgica Lázaro Cárdenas Las Truchas (SICARTSA).

Mi padre le agradeció al presidente tan importante ofrecimiento pero lo rechazó ya que a finales de 1977, tras una profunda lucha o crisis interior, había ya decidido dejar su muy importante trabajo como industrial y dedicarse 100% al violonchelo.

Sin duda un factor fundamental en esta etapa fue contar con el apoyo incondicional de mi madre, siempre animandolo a enfrentar la aventura de dejar de lado el mundo empresarial para dedicarse a una carrera de violonchelista cuyo resultado era incierto y arriesgado.

Para entonces ya tenía tres hijos de 13, 12 y 11 años y dedicarse profesionalmente al chelo a los 41 años era un reto muy difícil ya que los solistas profesionales se dedican desde mucho más jóvenes y de lleno a la carrera musical. Con este nuevo objetivo, mi padre tuvo que hacer estudios adicionales como chelista de 1978 a 1982 con maestros como Pierre Fournier en Ginebra y con Leonard Rose, director de la Facultad de Violonchelo de la Julliard School en Nueva York.

Estudiaba más de diez horas diarias para recuperar el tiempo perdido y aprender las obras más importantes escritas para el violonchelo.

Con el tiempo, todo este esfuerzo empezó a rendir frutos. Desde el inicio de su carrera como violonchelista a finales de los 70s, ha estrenado 114 obras nuevas para violonchelo, la mayor parte dedicadas a él, de compositores de México, América Latina, España, Estados Unidos, Irlanda, Inglaterra e India entre otros y ha tocado en los más importantes teatros mundiales además de haber grabado cien obras para violonchelo, incluyendo muchos estrenos mundiales.

En el camino, él y mi madre han construido grandes amistades con reconocidos violonchelistas como Yo-Yo Ma y Rostropóvich, así como con los escritores Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, y Alvaro Mutis entre otras.

Carlos Prieto y Yo-Yo Ma

Carlos Prieto y Yo-Yo Ma

Carlos Prieto y Gabriel García Márquez

Carlos Prieto y Gabriel García Márquez

Mis padres, mis hermanos y yo con Dmitri Rostropóvich


Además de su pasión por la música, su insaciable curiosidad lo ha llevado a escribir 13 libros, alguno publicado en español, inglés, ruso y portugués.

Este 16 de mayo presentará su libro número 14 titulado “Mi Vida musical”, editorial “El Equilibrista” con prólogo de su gran amigo Yo-Yo Ma, en la librería Gandhi de la Ciudad de México.

Mi vida musical
Mi vida musical

En el encontrarán muchos capítulos muy interesantes de su vida enriquecidos con múltiples fotos y videos a través de códigos QR con personajes como los escritores Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, los chelistas Yo-Yo Ma y Rostropóvich, el compositor Joaquín Rodrigo, fotos familiares y con las diferentes generaciones del cuarteto Prieto, con mi hermano y director de orquesta Carlos Miguel Prieto y muchos otros personajes interesantes que han conocido mis padres a lo largo de su interesante vida.

En todas sus giras musicales lo acompañan mi madre, Maria Isabel Prieto, quien ha sido su mayor aliada, promotora e incansable viajera, así como su violonchelo “Chelo Prieto”, tema que ahora abordaré.

Mi padre tiene desde 1979 un chelo italiano de 1720 llamado Piatti, por haber pertenecido el último cuarto del siglo XIX al famoso chelista italiano Alfredo Piatti.

En el libro de mi padre “Las aventuras de un violonchelo”, describe muchas aventuras muy interesantes que vivió el Piatti y que él encontró después de una exhaustiva investigación que hizo sobre su chelo.

El chelo es un instrumento muy incómodo para viajar ya que no puede documentarse como equipaje debido a la alta probabilidad de que llegue hecho pedazos y tampoco puede meterse en los compartimentos superiores del avión para equipaje de mano dado su gran tamaño.

Por esta razón mi madre lo llamó: “Miss Chelo Prieto”, para poder comprarle un boleto de avión y viajar con él por el mundo como un pasajero y con tarifa normal que acumula millas y, ¡cuenta con tarjeta de viajero frecuente!

En alguna ocasión una empleada de una aerolínea le preguntó a mi padre la edad de su chelo y al decir que cumpliría 280 años, le dieron el descuento de “senior citizen”. El Piatti perteneció a Francesco Mendelssohn, descendiente del famoso compositor Felix Mendelssohn. En 1936 Francesco trató de emigrar de la Alemania Nazi pero estaba prohibido salir del país con objetos de arte.

El gobierno nazi los decomisaba sin contemplaciones. Francesco decidió irse a vivir temporalmente a un pequeño pueblo próximo a la frontera suiza, cerca de Basilea. Francesco se las ingenió para pasar la frontera con frecuencia para ir a tocar música de cámara a Basilea donde vivían unos amigos.

Por un precio muy barato Francesco compró un violonchelo de fábrica, malo y feo, una bolsa de lona burda y una bicicleta. Trató de pasar la frontera y los guardias alemanes lo detuvieron para indagar a dónde se dirigía, examinaron el horrendo chelo y lo dejaron pasar.

Por la noche Francesco regresó a su pueblo y la escena se repitió numerosas veces hasta que los guardias juzgaron innecesario seguir examinando el contenido de la bolsa de lona y solo lo saludaban y lo dejaban pasar. Un día, Francesco metió su chelo italiano, el Piatti, en la bolsa y disimulando su intenso nerviosismo saludó como siempre a los guardias y pasó la frontera en su bicicleta.

Fue así como salió el Piatti de la Alemania Nazi.

Esta es solo una de las muchísimas aventuras del violonchelo de mi padre. Si quieren conocer más les recomiendo leer el libro: “Las aventuras de un violonchelo”.

Las aventuras de un violonchelo
Carlos Miguel Prieto

Ser parte de esta familia implicó estudiar un instrumento musical, esto no fue sujeto a discusión, yo lo vi natural desde los 7 años que tuvimos que escoger un instrumento mis dos hermanos y yo junto a mis dos primos hermanos.

Mi hermano Carlos y yo escogimos el violín y mi hermano Mauricio el chelo.

Mi abuela paterna, Cécile Jacqué, dedicaba todas sus tardes a hacernos estudiar una hora de violín a cada nieto violinista. Sin importar lo que estuviéramos haciendo, a cierta hora sonaba el teléfono para avisarnos que ya era hora de ir a su casa. Esto sin duda, nos ayudó a todos a tener una disciplina y rutina de estudio.

A los 10 años ya participábamos en cuartetos con la familia y en dar algunos conciertos como solistas con piano.

Los veranos íbamos a un campamento musical y formábamos parte de orquestas juveniles. Mi hermano Carlos Miguel es el único que se dedica profesionalmente a la música siendo actualmente director de la Orquesta Sinfónica de Minería, de la Orquesta Filarmónica de Luisiana, de la Sinfónica de Carolina del Norte y fue 15 años director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Mi primo Juan Luis sigue formando parte del tercer “Cuarteto Prieto”, aunque su principal actividad es empresarial.

Traté de continuar con esta importante tradición familiar con mis cuatro hijos a quienes ayudé a estudiar violín y piano hasta los 15 años cuando la adolescencia y los tiempos complicaron que siguieran dedicando las horas necesarias de estudio a la música.

¡Ser parte de esta familia ha sido un privilegio!

Los conciertos que lleva años dando el “Cuarteto Prieto” siempre han sido para apoyar causas benéficas como fundaciones de apoyo a la niñez y de rehabilitación a jóvenes con adicciones.

Muchos conciertos que ha dado y sigue dando mi padre son también para apoyar a fundaciones como la Casa de la Amistad para Niños con cáncer o fundaciones de apoyo a la niñez como “Save the Children” entre otras.

Admiro muchísimo la disciplina de mi padre y el haber tenido el valor de animarse a cambiar de profesión y dedicarse a su verdadera vocación. Su doble labor como músico y escritor redundó en sus nombramientos como miembro titular del Seminario de Cultura Mexicana y de la Academia Mexicana de la Lengua y desde entonces hace una increíble labor recorriendo el país junto a mi madre, para dar conciertos gratuitos y presentaciones de sus libros en los teatros de muchas ciudades y localidades de México, con el fin de promover la cultura y la música.

Lo que más admiro de mis padres es la insaciable curiosidad con la que viven todos los días, desde haber investigado los más de 260 años de la historia del Piatti, sus incansables viajes por toda la República Mexicana y el mundo además de interesarse y estar tan pendientes de la vida de sus hijos y sus nueve nietos

¡Felicidades papá y mamá, son una gran pareja y un gran ejemplo para toda la familia!